16 minutos desde que el auto se detuvo.
El hombre de edad media, tal como le dicen a los tipos que no son ni jóvenes ni viejos, para no tener que usar términos más denigrantes como “un cualquiera”, “una cara común”, “un tipo standard”, sigue sentado frente al volante de su auto clase media, mirando pasar a los lados y perdiéndose por el camino hacia adelante a miles de millones de ciclistas que avanzan como parte de una manifestación a favor de algo o en contra de algo. No está prestando mucha atención, ya que hace 9 minutos debía estar en la reunión que a esa hora se inicia en la sala de juntas de la oficina del piso sexto de un edificio del centro, en el cual lleva trabajando 8 años. Está inquieto, pero sabe que aún cuenta con lo que en fútbol llamarían “tiempo de adición”. Menos mal nadie es cumplido en este país.
23 minutos
Las bicicletas siguen pasando en tumulto, rodeando al auto por todas partes. El hombre maldice no haber prendido el radio antes de entrar a la avenida, ya que tal vez así se habría enterado de la movilización ciclística y habría tomado una ruta alterna. Ni modo, lo único que puede hacer es esperar, mientras se repite una y otra vez, murmullando en voz baja “todos son incumplidos, todos son incumplidos”. No puede no sentirse nervioso, teniendo en cuenta que su permanencia en el trabajo y por lo tanto el sustento de su familia depende de lo que pueda llegar a demostrar el día de hoy en la reunión que seguramente acaba de iniciar, especialmente de los documentos que van en la carpeta en la silla de atrás.
30 minutos
El sol resplandece con claridad en el cielo azul, es un día hermoso, aunque lastimosamente no es domingo sino martes. Si fuera domingo no estaría atascado camino al trabajo sino acostado viendo partidos en la tele, y por supuesto, no estaría atorado en la mitad de una absurda congestión de bicicletas mientras se asegura a si mismo que se está quedando sin empleo. Imagina a su jefe mirando de reojo la silla vacía, el reloj y luego la puerta, y empieza a preparar un discurso de excusas para responderle cuando venga la inevitable imprecación. Golpea nervioso el volante, simulando un tambor, y siente un chorro de sangre caliente subirle a la frente cuando un ciclista que pasa muy cerca de su puerta roza y desacomoda el espejo retrovisor.
43 minutos
Dentro del carro inmóvil el hombre trata de distraerse inútilmente pasando de una emisora a otra; ya ha intentado comunicarse con su jefe 4 veces pero sabe bien que no le responderá, como nunca lo hace cuando está reunido con alguien. El sol resplandece pero podría estar cayendo el mayor de los diluvios y nada cambiaría dentro de la cabina; si, tal vez algo, no tendría que soportar el calor soporífero que lo invade. El modelo con aire acondicionado valía mas, y en su momento no vio la necesidad de pagar por ello. El pie derecho va del acelerador al freno constantemente, no como lo hace cuando el carro está andando, sino como movimiento reflejo de la ansiedad que lo carcome.
1 hora
Los odia, sabe que si no fuera por las convenciones sociales, por lo que sus padres le inculcaron desde pequeño, por el miedo a la policía, por el miedo a dios, y por querer verse cortés, bajaría el vidrio y empezaría a insultar a todos los ciclistas que siguen pasando a su lado con pancartas y mensajes inteligibles en sus camisetas. Maldice a viva voz y apaga y prende alternativamente el radio. Acaba de llamar a la oficina y efectivamente una compañera le cuenta que el jefe ha salido de la reunión 3 veces preguntando por el; mejor, por los papeles que tienen que ver los clientes y que descansan en el sillón de atrás del auto, dentro de una carpeta al lado de la bolsa con el desayuno. Acaba de recordar que ahí está la comida que no podrá comer aún, no por falta de hambre, sino porque la rabia creciente le impide pasar cualquier cosa por su garganta.
1 hora y 20 minutos
Extraoficialmente ya debe haber sido despedido. La empresa en la que trabaja acaba de perder un gran negocio porque los papeles que tenían que llegar a la reunión ya no llegaron; el jefe debe estar con ganas de crucificarlo. Adiós al sueldo de todos los meses, a la prima navideña, a la rutina de 9 horas sentado en su escritorio, muy probablemente adiós a un futuro para sus hijos. Las bicicletas siguen pasando y el odio se convierte en rabia, sin embargo, nada se puede hacer, habrá que esperar a que terminen de pasar para ir hasta la oficina a desocupar el escritorio. En la emisora el locutor habla sobre el desastre del último desfile de Cristian Dior y comenta con sus compañeros de mesa los pormenores de la última colección, todos ajenos al drama de este hombre atrapado.
1 hora y 30 minutos
El sol sigue firme en el cielo azul y ya son menos las bicicletas que pasan alrededor del conductor desesperado, la certeza de su despido y del camino que tendrá que asumir le traen ráfagas de calma a su sistema nervioso; a logrado alcanzar una especie de nirvana crapulento en el que la certeza de la claridad de la tragedia trae una calma extraterrena, similar a la que se experimenta cuando se es consciente de que nada puede estar peor. En medio del trance ve las bicicletas y se imagina como protagonista de una película de humor. Por primera vez desde que esta virtualmente desempleado, sonríe.
1 hora y 40 minutos
Los pensamientos atropellados sobre la miseria que asoma por la esquina que cruza el camino de su vida se superponen al estado de lucidez pacífica en el que se había zambullido diez minutos antes; ahora lo recorre un temblor nervioso y enfoca todo su odio hacia la muchacha que sonriente pasa por su lado en su bicicleta verde. “HI JA DE PU TA” le dice a través del cristal, marcando muy bien las silabas para que ella se entere de lo mucho que la odia. La sonrisa despreocupada que ella le devuelve se siente como un puño en la ingle. El calor es asfixiante dentro del auto y la sed aparece para recordarle su miserable humanidad atrapada en el mas absurdo de los trancones. Al menos hay una botella de jugo de naranja atrás, no todo está perdido.
1 hora y 41 minutos
El líquido viscoso que lentamente sale de la botella no refresca la garganta; la última esperanza que tenía el hombre de sentir algo de compasión por parte de un mundo que lo tiene atrapado en un trancón que acaba de quitarle todo en su vida, se había reducido a un sorbo de refrescante jugo de naranja, y ahora eso se le ha negado, todo porque en la estantería del supermercado no tuvieron la delicadeza de separar los jugos listos para beber de los concentrados para diluir con agua. El concentrado de jugo de naranja importado que tiene en su mano es ahora la saliva escupida por el jefe que lo espera para despedirlo oficialmente, es la mierda de todos y cada uno de los ciclistas que cagan en su boca mientras sonríen igual a la mujer que acaba de pasar, es el desempleo, las empresas a las que irá a presentar entrevistas laborales y de las cuales nunca lo llamarán. La botella rueda por el asiento del copiloto justo antes de que el mundo entero se convierta en una gran mancha blanca. Algo hace click.
1 hora y 42 minutos
El trance que le devuelve la vida, el odio como catalizador de todo, el concentrado de jugo de naranja, la vida es una sola y si te quiere arrastrar contra el piso y destrozarte las coyunturas de los huesos en su intento, algo deberías hacer para defenderte. El pie hasta el fondo del acelerador es tan solo un grito de libertad, y los ciclistas que vuelan por los aires y se estrellan contra el parabrisas y lo van resquebrajando no son más que figuras sin forma puestas en un camino que nunca eligió tomar, pero el cual lo obligaron a recorrer cuando sus padres decidieron que llegara a vivir a este lugar inmundo en el que los jugos no son separados en las estanterías de los supermercados. Ha encontrado la libertad, y está representada en el crujido de la columna vertebral del ciclista que no logró escapar de las llantas del auto. Vuelan todos, y una carcajada llena de locura retumba en el vehículo. La libertad es el no futuro.
[http://www.youtube.com/watch?v=DijpbIbHZl8]
